Relatos de un Violín Andante: de las reflexiones acaecidas en Laguna del Maule

Andante, andariego: así me gusta pensar en mi pobre violín, condenado a acompañar  a una estudiante de posgrado en vulcanología en sus trabajos (no menos que aventuras) alrededor del mundo. Aunque sería ameno continuar trazando paralelos con el excéntrico caballero andante Don Quijote de la Mancha, me robaré solamente su auto-asignado título para estas pequeñas crónicas de mi amado instrumento, que serán en realidad relatos de cómo ha cambiado mi percepción de la música y del aprendizaje del violín al dedicarme a una ocupación aparentemente tan desligada del arte.

Laguna del Maule es un volcán (complejo volcánico, en realidad, formado por diversos centros eruptivos) en la Región del Maule, en el límite entre Chile y Argentina, famoso por su elevada tasa de deformación y por ser un “súper-volcán”. Al inicio de mi maestría en ciencias de la tierra, trabajar en Laguna del Maule marcó un antes y un después: primera vez realizando trabajo de campo fuera del Ecuador, primera vez comenzando a vivir completamente fuera de casa, primera vez utilizando ciertos equipos de medición… Pero lo que importa en este blog, es que fue además la primera vez en que sería una violinista prácticamente independiente. Sin guías, sin maestros, sin directores, estaba a punto de comenzar un periodo de estudios en un país en donde no conocía nada ni a nadie en el ámbito musical, pero primero debiendo permanecer alrededor de un mes sin internet o contacto con el mundo externo en Chile, lugar completamente distinto a mi destino de estudios final, y realizando trabajo de campo en un volcán activo. Mentiría si dijera que me emocionaba el prospecto de estudiar violín en una especie de tráiler modificado para ser una cabaña. La insonorización entre habitaciones era nula, y el aislamiento térmico dejaba mucho que desear. Me preocupaba cuánto afectaría el calor de la tarde a mi instrumento, y me paseaba de arriba abajo buscando lugares frescos para guardarlo. Afinaba mi violín constantemente mientras practicaba, y caí en cuenta de que la falta de internet equivalía a la imposibilidad de acceder a un “LA” certero. ¡Oh, qué hubiese dado por un diapasón!En estas condiciones, era fácil justificarme a mí misma: “ no suena taaaan bien porque es que el violín, es que el cuarto, es que estoy cansada. No voy a practicar hoy porque regresamos tarde, porque no quiero molestar a mis compañeros”. Pensamientos traicioneros que me asustaban mucho, pue si así empezaba mi independencia musical, ¿qué pasaría cuando tomara clases durante la maestría, rindiera exámenes, escribiera la tesis? ¿Dejaría empolvar el violín en una esquina? ¿Me daría cuenta algún día que por más que estudiara un pasaje, mis dedos ya no responderán por falta de uso, de no repasar los pasos cuidadosamente aprendidos en la tastiera? Fue necesario desmoronar el castillo de excusas, y de echar manos a la obra. Las largas horas sin internet y sin libros se usaron para pulir pasajes peliagudos del concierto de Sibelius, a veces ignorados en el pasado en favor de completar toda la obra. Partitas de Bach que había practicado siguiendo estrictamente indicaciones de muchos queridos maestros, fueron repetidas, analizadas y exploradas con diferentes ángulos. Laguna del Maule resultó ser el lugar perfecto para realizar experimentos propios de arqueo y fraseo, y para pensar detenidamente en qué planeaba comunicar al tocar y cómo lograrlo. Reflexionar realmente en la música, y no tocar por terminar una obra. Igual, tenía todo el tiempo, y a nadie quería impresionar sino a mí, a mi violín andante, y a la bella laguna volcánica. Dudo que mis notas hayan cambiado en algo ese lugar tan extraño, una especie de desierto en donde el agua actúa como espejo del paisaje. Sin embargo, siempre le guardaré una gratitud infinita al lugar que impulsó una nueva madurez musical en mí y que tranquilizó indirectamente mis miedos sobre mi futuro en la música. Al final, si todo fallaba, por lo menos podría jactarme de haber sido la primera (y tal vez, ¿única?) en haber tocado el concierto de Sibelius para violín solo a las lavas riolíticas de Laguna del Maule.

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