Time is Money

Esta es la segunda entrega de la serie «Cómo estudiar Música», cuyo primer artículo -El mito del metrónomo- trataba acerca del pulso y el sentido rítmico. Frecuentemente me encuentro con criterios de estudiantes que repiten que el músico debe estudiar 8 horas diarias. Y siempre me salta la duda: en realidad, ¿qué estudian todo ese tiempo?, sobre todo cuando veo sus caras de frustración cuando a la hora 3 (incluso llegué a encontrar uno que realmente hacía las 8 horas) están igual o peor que antes.

Para muchos músicos profesionales este post resultará hilarantemente obvio, pero para el común de los mortales, estudiar tanto tiempo el instrumento y lograr poco o nada, genera una merma real en la auto confianza que efectivamente podría llegar al fracaso del más aplicado de los alumnos.

Recuerdo mi maestra de piano, una soviética que no sabía como lidiar con mi constante falta de interés en el piano, batalló una y otra vez hasta que logró lo que parecía imposible, avances reales con pocas horas de estudio (enfatizo que nunca quise ser pianista y peor concertista, pero acepto que fue una de las personas de las que más aprendí, gracias a la URSS por eso)

Ahora es mi interés compartir las bases sobre la que sostuvo semejante hazaña, bases que las pude comprender después, cuando empecé a enseñar y descubrí que la frustración del maestro es igual a la frustración del alumno a la n potencia. No se tome este artículo como un método ni una técnica, sino simplemente como un compartir lo que me ha dado mejores resultados a través de los años.

  • Pequeños objetivos: La obra se fraseaba y cada frase se troceaba en pequeños objetivos que cumplir. Mientras no se logra uno de ellos no se puede pasar al siguiente.
  • Sumar es avanzar: Cada pequeño objetivo logrado se va sumando al anterior y juntos se vuelven un nuevo objetivo a lograr.
  • Mientras más fácil más lento: Evitar la tentación de acelerar los pasajes lentos y fáciles, porque cuando lleguemos a los rápidos tendremos que bajar la velocidad rompiendo con la unidad rítmica del estudio.
  • Si te equivocas no repitas desde el error, regresa al inicio del trozo que estudias.
  • La tercera es la vencida: Y cómo saber cuando está aprendido y superado un objetivo? Simple, cuando podemos tocarlo tres veces seguidas sin equivocarnos.

En resumen, las ocho horas diarias se justifican cuando tienes una obra de varios movimientos con una fecha de concierto determinada, donde tienes que revisar dinámica, expresión, técnica, digitación, etc. Para nuestros niños, con una hora basta. Lo importante es establecer una buena forma de estudiar, entonces nuestro objetivo no son ya las ocho horas sino lo que debe aprender nuestro alumno.

Dedicado a Sonia y Natalia

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