Focus

No me gusta la irrealidad, lo subjetivo o lo inane. Por desgracia desde que tengo uso de razón, el común denominador en las frases que se refieren a la música son palabras tan subjetivas como: sublime, hermoso, sentimental y la peor, inspiración. Estas palabras y las definiciones que hasta ahora he leído, condenan a la música a la condición de arte, degradando sus aspectos científicos, técnicos y aún empíricos que han hecho de la música un recurso no solo recreativo sino incluso pedagógico.

Recuerdo haber visto en primera fila un concierto del gran Segundo Guaña quien con mucha precisión y muy poca inspiración ejecutaba las melodías que cumplían el objetivo emocional programado sobre los oyentes. Siempre me gusta poner el ejemplo de un cirujano que está por entrar a una operación, y que el paciente minutos antes le pregunta si está inspirado para el procedimiento. Con seguridad el galeno será benevolente con semejante torpeza, y le explicará que 6 años de estudio de medicina eliminan todo rastro de “inspiración” en algo tan serio como la vida humana. Del mismo modo, un compositor no puede esperar a que las musas vengan a él para cumplir con un contrato. Él solo se sienta y empieza a escribir.

Por supuesto que ahora cabe la interrogante: ¿entonces por qué la misma música suena diferente entre un intérprete u otro? La respuesta es simple, porque no somos máquinas y nuestra personalidad -nuestra impronta- se trasmite en cada actividad realizada día tras día. No sería menos en la música. Nuevamente acudo a la historia para intentar demostrar mi pensamiento.

¿Qué convierte a Mozart en un genio? ¿Es Mozart más genial que Beethoven? ¿Es que Stravinsky y su obra son menos que cualquiera de los anteriores? Sin entrar en profundidades que merecerían una tertulia, desde mi perspectiva, cada uno de ellos (y muchos otros más, compositores o intérpretes) es un genio por la impronta que dejan en cada una de sus obras o interpretaciones, se convierten en modelos reconocibles, estudiables, que se pueden analizar y usar como herramientas didácticas para acelerar el trabajo educativo. En todo caso, dejemos los adjetivos calificativos al público, al gran juez que siempre califica nuestros esfuerzos.

Ese será el prisma por el que estudiaremos música desde febrero en Pablo Jazz University, una educación pragmática, llena de conocimientos y asertividades, para dejar luego que la impronta de cada uno de ustedes, sea lo que permanezca en el oído de la audiencia, que al final son los que juzgan nuestro trabajo como músicos.

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