Kreisler y Heifetz


Fritz Kreisler (1875-1962) y Jascha Heifetz (1901-1987)

Hoy el 2 de febrero, es el Día de la Marmota. Es un método folclórico usado por los granjeros de Estados Unidos y Canadá para predecir el fin del invierno, basados en el comportamiento del animal cuando sale de hibernar.

Según la creencia, si la marmota al salir de su madriguera no ve su sombra, por ser un día nublado, dejará la madriguera, lo cual significa que el invierno terminará pronto. Si por el contrario, por ser un día soleado, la marmota ve su sombra y se mete de nuevo en la madriguera, significa que el invierno durará seis semanas más.

El día de la marmota señala (aproximadamente) la mitad del periodo entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera.

También es el cumpleaños de dos de mis ídolos, gigantes del violín, Fritz Kreisler (1875-1962) y Jascha Heifetz (1901-1987). Kreisler y Heifetz fueron los mejores de su tiempo, y tuvieron los estilos individuales.

Kreisler es lleno de sentimientos vieneses. Fue el exponente del tono de canto, las frases elegantes, y el sentido de ritmo sumamente elástico. Su manera de tocar es intensamente humano, y esa humanidad era el elemento que viene de su propia personalidad. Kreisler se convirtió en uno de los músicos más queridos de su generación, conocido por su sentido del humor. Pasó algunas de sus composiciones como obra de compositores del siglo XVIII y esperó muchos décadas antes de revelar que en realidad eran suyas.

Heifetz representó algo completamente diferente, y hasta el día de hoy muchos insisten en que era un músico “frío”. Parte de esto proviene de su manera en el escenario. No cambió su expresión facial ni por el romanticismo musical ni por dificultad técnica. Fue llamado, con buena razón, “El gran rostro de piedra”. Al escuchar sus grabaciones, uno no puede entender este aspecto particular del mito de Heifetz, ya que lo que suena es todo menos frío. Pero su retraída personalidad en el escenario, y su perfección inhumana de la técnica, hicieron algunos pensar que su música era superobjetiva.

Kreisler, el ídolo de Heifetz, escuchó a niño Jascha, de 11 años, tocar el concierto de Mendelssohn, y luego lo acompañó al piano con su propio Schön Rosmarin en un concierto privado en Berlín en abril de 1912. Cuando Heifetz terminó, Kreisler dijo a los violinistas presentes “Podemos coger nuestros violines y aplastarlos contra nuestras rodillas”.

La admiración de Kreisler por Heifetz nunca se desvaneció, ni la admiración de Heifetz por Kreisler. Los dos a menudo asistían a los conciertos del otro. En uno de esos recitales del Carnegie Hall en marzo de 1953, Heifetz interpretó a “Recitativo y Scherzo” de Kreisler en honor al anciano compositor que estaba en la segunda fila. Cuando terminó de tocar, Heifetz le indicó a Kreisler que se pusiera de pie, ante un estruendoso aplauso.

En sus últimos años, Heifetz mantuvo un programa firmado de Kreisler en la pared de su estudio en la Universidad del Sur de California. No interpretó muchas piezas de Kreisler en público, por respeto a Kreisler. Pero las tocó a menudo en las clases para los estudiantes. Y cuando los tocó en clase, imitaba perfectamente a Kreisler. Sonó exactamente como Kreisler.

Incluso Kreisler fue engañado una vez por la interpretación de Heifetz de una de sus propias composiciones. En un tributo a Kreisler por su cumpleaños (Por supuesto, también fue el cumpleaños de Heifetz.) en 1940, Heifetz tocó una de las composiciones de Kreisler detras de una cortina. Kreisler dijo “¡Fue tan agradable escuchar uno de mis viejos discos!”.

¡Feliz cumpleaños, maestros!

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