EL DESALLAMINGAMIENTO MUSICAL

Desde que doy clases, mis alumnos tiene la insana costumbre de decirme: “quiero sonar como…” Pero incluso conceptualmente, la alienación musical en el Ecuador, es más bien una suerte de desallamingamiento musical, es decir, una forma de ni siquiera saber a que sonamos los ecuatorianos.

Si escuchas una salsa (que no pasa de cumplir oficialmente sus 60 años) claramente identificas a los boricuas; si escuchas un merengue claro está que son quisqueyas, vals los peruanos, bambuco los colobianos, etc. Pero, a qué sonamos los ecuatorianos?

Voy a hablar del canto estilo gospel, el que para mi esta realmente sobrevalorado, tristemente veo como el estilo se pone de moda en el Ecuador y produce una serie de experimentos de pasillos, albazos y capishcas agospelados que definitivamente dan la sensación de una verdadera ensalada de mellocos con cebiche de camarón, inimaginable para el más excéntrico de los paladares.

Vamos con los paseitos, tan populares en las verbenas de barrio que ahora se funden en una suerte de big band al puro estilo del carnegie hall. Más allá de lo risible, ¿de verdad será innovación meter la 5ta. disminuida a una melodía ecuatoriana, desvirtuando su ADN más profundo? Personalmente lo hacía como juego hace como 30 años, y no necesité ser un genio para hacerlo.

Esta verdadera infección, como la infestación de pulgas, incluso ha llegado a las orejas de los sonidistas, quienes pretenden darle un baño de calidad a la música ecuatoriana mezclando con criterio europeo en el mejor de los casos. Este experimento si que fue un real fracaso y realmente no entiendo por qué aún no aprendemos la lección.

El ecuatoriano tiene un ADN especial en el oído, un estilo rústico con poco honor al detalle de filigrana de un Cristopher Cross o Alan Parsons, más bien rústico al estilo de “Tronaban Tanques en el Campo” de la época de la ex URSS; si en realidad queremos compararnos con alguien.

Por otro lado, se han hecho muchas pruebas, y conozco de primera mano del fracaso de las mismas, haciendo la mezcla de música ecuatoriana en Miami, Madrid, Alemania incluso Francia y, realmente ha resultado como tomar lo que mi madre llamaba un agua sucia en vez de verdadero café.

Más nos vale empezar a encontrarnos y a estudiar el verdadero sonido ecuatoriano, no vaya a ser que se acaben los pocos músicos viejos que vamos quedando y solo se escuche un remedo de lo que en realidad es la música ecuatoriana. A propósito, destaco en este punto la labor de músicos destacados como Gerardo Guevara, Jorge Oviedo, Wilson Haro y Tadashi Maeda, entre muchos otros, quienes han logrado (contrario a la mayoría de nosotros) llaminguizarse de tal manera que encontraron la quinta esencia de nuestra música y hacer lo que se tiene que hacer: crear nueva música ecuatoriana.

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